El manejar; Cuando ya no es seguro
 

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En esta sociedad, el manejar es un privilegio que simboliza independencia y competencia. Muchas ciudades en los EE.UU no tienen un sistema desarrollado de transportes públicos y un aútomovil es necesario para hacer la compra, ir al médico o participar en actividades recreativas. Es por eso que para muchas personas mayores, el momento de dejar de manejar resulta doloroso y humillante. Sin embargo, cuando un individuo tiene la enfermedad de Alzheimer u otro tipo de demencia y sigue manejando, puede que esté poniendo su vida y la de otros en peligro.

No hay una sóla respuesta para este dilema, y un diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer u otro tipo de demencia no constituye automáticamente un motivo para eliminar los privilegios de manejar. En California, el Departamento de Vehículos Motorizados (DMV) ha determinado que entre los conductores con demencia, solamente aquellos con demencia leve puede poseer las habilidades necesarias para seguir manejando con seguridad. Sin embargo, como no hay una sóla prueba, el cuidador debe evaluar continuamente la capacidad del individuo y examinar en particular su percepción de la distancia, su tiempo de atención y su habilidad para procesar información. La exhibición de una o más de las siguientes señales debería ser una advertencia para los familiares:

  • Perderse en lugares conocidos.
  • Reflejos lentos o dificultades tomando decisiones rápidas.
  • Confundir el freno y el acelerador.
  • Aparcar incorrectamente.
  • Manejar a velocidades inapropiadas.
  • Recibir multas o provocar situaciones de peligro o accidentes.

Cuando llega a ser evidente que un ser querido con demencia no puede seguir manejando, es necesario que todos los familiares y amigos apoyen la decisión y que juntos hagan al individuo respetar las nuevas restricciones. También deberían estar preparados a contarle que creen que ya no es seguro que maneje y que esta decisión es por su propio bien. A veces una recomendación escrita del médico puede ayudar a convencerle y recordarle de la decisión en los momentos en que se olvide de ella. Un terapeuta ocupacional u otro profesional de la salud puede hacer una evaluación de la capacidad del individuo como conductor. Los familiares también tienen la opción de entregar en forma escrita un pedido de re-examinación a la Oficina Regional para la Seguridad de los Conductores (Regional Driver Safety Office). Sin embargo, muchas veces no hace falta porque en el momento en que un médico diagnostica a una persona con algún tipo de demencia, la ley de California requiere que informe al Departamento de Vehículos Motorizados (DMV).

La transición de conductor a pasajero del individuo puede ser difícil para todos los que estén involucrados en su cuidado, especialmente si el individuo con demencia no reconoce sus limitaciones y no está de acuerdo con la decisión. Es importante que los familiares muestran empatía hacía el individuo con demencia y que hablen abiertamente sobre el tema, enfocando las discusiones sobre sus sentimientos. El individuo se sentirá más respetado si las discusiones se centran en la enfermedad y no en la persona como razón por la cual es necesario aplicar restricciones y prohibir la conducción. Los familiares deben intentar hacer al individuo sentirse productivo para mantener su autoestima, pidiendo que ayude con algunas tareas o involucrándole en otras actividades.

Algunos individuos con demencia no aceptarán la eliminación de su priviliegio de manejar y otros simplemente se olvidarán de la decisión e intentarán manejar a pesar de la oposición de su familia. En estos casos, cuando el individuo no quiere dejar de manejar, los familiares pueden esconder las llaves, hacer que el coche no funcione o llevar el coche al mecánico con instrucciones que no lo devuelva al individuo con demencia. Puede que sea necesario vender el coche o llevarlo a otro sitio para que no haya nada que le tiente a manejar.

No hay una sóla manera de llevar esta transición. Los familiares deben recordar que son los que mejor conocen a su ser querido y por eso saben cómo deberían tratar este tema con el individuo. Sin embargo, los familiares deberían consultar al médico del individuo o a su consultante familiar de FCA para apoyo e información.

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